ARTÍCULO DE OPINIÓN

 01/12/2008, Criterio y pedagogía

 La Facultad de Filosofía de la Universidad Ramon Llull, en su colección Eusebi Colomer, acaba de publicar un volumen, a cargo del profesor Conrad Vilanou, titulado Criterio y Pedagogía.
El libro vale la pena. El profesor Vilanou introduce histórica y filosóficamente la figura de Jaume Balmes (1810-1848), pensador de Vic, tristemente olvidado e ignorado por las generaciones más jóvenes y no tan jóvenes. El volumen incluye textos balmesianos de filosofía de la educación, unos textos –hay que decirlo todo- de una claridad meridiana y amarados de un gran sentido común. Con demasiada frecuencia se etiqueta a Balmes sin conocerlo. Se le desprecia sin haberlo leído. Eusebi Colomer ya se refirió, en diversas ocasiones a la tendencia destructiva que sufrimos en este país, de no valorar y amar suficientemente a nuestros clásicos.
La cultura de la capillita y el tribalismo impenitente que nos caracteriza hace que no reconozcamos figuras de enorme valor y que, en cambio, sintamos atracción y deseo por figuras muy lejanas. A veces, por puro esnobismo intelectual. Ser cosmopolita no significa dejar de reconocer los valores propios. Ser provinciano es negar la calidad a lo que la tiene, incluso aunque sea del propio país.
El texto introducido y cuidado por Conrad Vilanou llena un vacío en la bibliografía de este país. Nos presenta a un Balmes vigoroso y firme que aporta ideas que también hoy son interesantes de recoger en las prácticas educativas habituales. Será calificado de conservador y de tradicionalista, pero su pensamiento en materia educativa, después del fracaso estrepitoso de las ideologías supuestamente progresistas, vuelve a adquirir un peso extraordinario. Miguel de Unamuno siempre criticó la filosofía del sentido común de Balmes y también todos los alocados de nuestra tradición del siglo XX. Ahora lo que nos falta es sentido común e ideas sólidas. Por ello, este libro llega en un buen momento y por esto hay que felicitar al introductor y a la Facultad de Filosofía de la Universidad Ramon Llull.
Con sólo espigar algunos pensamientos al aire de Balmes ya nos damos cuenta de que este hombre, sacerdote de Vic, tenía un talento extraordinario para la filosofía. Murió muy joven, demasiado joven, pero nos dejó una obra que, más allá de las servitudes y de las formas de su tiempo, sigue despertando interés tanto a creyentes como a no creyentes. Recojo algunos pensamientos al vuelo:
“Un genio es una fábrica, un erudito un almacén”.
“El pensar es un misterio, el hablar es un misterio, el hombre un abismo”.
“No es tolerante quien no tolera la intolerancia”.
“¿Queréis evitar las revoluciones? Haced evoluciones”.

Unos pensamientos, éstos, que, quizás, ayudarán a romper el tópico demasiado agarrotado que aprisiona la figura de Jaume Balmes.