Este no es un libro de fácil lectura, porque el tiempo de luto no es un tiempo fácil, por eso “desde su doble mirada —como teólogo y como padre—, Torralba ofrece una reflexión íntima y honesta sobre el luto, vivido sin evasiones, que puede convertirse en una búsqueda de sentido y en una forma diferente de paz”.
Para mí ha sido imprescindible leer cuidadosamente la introducción que el autor denomina “Entre el absurdo y el sentido”, para ir de su mano por el camino del conocimiento de un tema que nunca entenderemos bastante bien, como es el de la muerte, pero del cual podremos atisbar el otro misterio, la vida.
Quienes no hemos estudiado teología podemos confiar en el autor, porque él es también un buen pedagogo y, si bien usa un lenguaje superior, no nos deja abandonados a la intelectualidad académica, sino que nos acompaña siempre en la comprensión, teniendo en cuenta, eso sí, que es un libro para profundizar y que pide una buena atención del lector. Para esta lectura es aplicable lo que dice el autor: “Una cosa es sentir la Palabra y otra, escucharla. Quién la escucha y la interioriza hasta tal extremo que lo asume como propia, se transforma.”
Quiero resaltar el capítulo más esperanzador: “Disfrutar de la vida mientras se está vivo.” Tal como asegura Torralba, “la última etapa del luto no es la aceptación, sino la gratitud a la persona que hemos tenido entre nosotros”. Siempre hemos sentido, en el entorno de la fe, que la muerte no tiene la última palabra y que el amor es más fuerte que la muerte. Es en este entorno, el de la fe, de donde el autor va extrayendo despacio el agua de vida: “Dios es Amor infinito…, este Amor, que no conoce límites, tiene la capacidad de salvarnos de la tierra de los muertos. Esto no lo sabemos, pero lo creemos.”
Leed el libro sin prisas y ampliad vuestra mirada hacia la eternidad, en la que creyentes y no creyentes tenemos puesta la mirada, porque la Palabra no es ninguna exclusiva personal, va dirigida a todos y cada uno de nosotros.
Por Pere Fàbregues i Morlà, librero